viernes, 11 de noviembre de 2011

Vicentico "Trato hecho" Capítulo XVI

Vicentico terminó sacando al último borracho y aprovecho para ir al arroyo a beber un poco. Antes de poder estar lo suficiente cerca para beber, escucho a lo lejos entre los arbustos a alguien que cantaba como si estuviera bajo la regadera. Con un poco de calma después de beber un gran trago para saciar la sed, su curiosidad hizo acercarse para ver que era.








Los arbustos se movían como si estuviera algún animal herido escondiéndose para no ser atrapado.




Los cantos o quejidos habían cesado solo eran ya movimientos inquietos atrás de un pequeño arbusto de zarzamora.




La intriga del gnomo lo hizo acercarse cada vez más hasta que vio salir a una mujer semi desnuda de entre el pequeño arbusto. Ella pego un enorme grito después de ver allí parado a un extraño y chistoso personaje que la miraba rascándose su escasa barba, con el ombligo de fuera y un atuendo algo raro como de algún ayudante de Santa Claus o de algún circo.






De inmediato y más rápido que un caballo de cuarto de milla, el Caballero de armadura metálica fue corriendo al lado de la Cazadora. No había obstáculo que impidiera por grande que fuera llegar hasta donde se encontraba Diana. Árboles, casas y montañas no se interponían en el camino del Caballero de armadura.











Vicentico fue atropellado por el Caballero de armadura metálica.




En un principio pensó que había sido un camión de los que transportan jitomates y los choferes se dan a la fuga. Pero pudo ver bien y vio a quien lo tenía en la lona. La confusión se presto por unos minutos. Vicentico estaba callado, vio a los dos personajes juntarse, mientras sacudía el polvo de su traje. Sin duda quería un respuesta a sus dudas.


Fue entonces que escucho hablar al Caballero, preguntándole a la mujer de detrás del arbusto si se encontraba bien. Ella contesto que si, pero quería saber porqué estaba allí ese personaje.




La maldad cuestionaba en silencio a los dos individuos, pues nadie había estado antes tan cerca del sembradio del gnomo, la calma y la prudencia pudo controlar a Vicentico, que también estaba a punto de gritar. De fondo en su cabeza del gnomo retumbaba la canción "Back in Black" del grupo AC-DC

Su instinto le decía que la persona semidesnuda era la que una vez paso corriendo sobre el sembradio de cebollas y que era la dueña del dichosos arco. El Caballero tomo la iniciativa para hablar y presentar a cada uno. Mientras Vicentico se desempolvaba y Diana se vestía el Caballero presento a cada uno.




Después de el protocolo de la presentación vino la prehistoria y el recuerdo; motivo por el cual estaban juntos el gnomo y la cazadora.


Siendo Testigo y quedando como intermediario, el Caballero de armadura metálica, fue quien vio el trato hecho por Diana, para reconstruir el sembradio de cebollas y a su vez que Vicentico devolviera el arco dorado a su dueña. Se dieron un fuerte apretón de manos quedaron felices y contentos bailando cerca del arroyo todo listo para poner las manos a la obra.

martes, 27 de septiembre de 2011

Vicentico "Para comerte mejor" Capítulo XV.

La paciencia del Gordolobo Feroz llego a su límite, después de adelgazar unos cuantos kilos se decidió por fin atacar a la indefensa viejecita quien se encontraba un poco distraida buscando su canastita de manzanas.








Tomando fuerzas de lo poco que le quedaba, el Gordolobo se le lanzó por encima de la viejecita, dejándola espalas al piso.








La sorpresa fue absoluta para la viejecita que rodaba entre garras, dientes y un par de ojos desorbitados por el ansia de devorarla.
















Sin más que unos gruñidos del Gordolobo Feroz, la dulce viejecita se atrevió a preguntar: ¿Lobito, por qué tienes esos ojos tan grandotes? y él le contestó: ¡Para verte mejor!








Los deseos del Gordolobo por encajar los colmillos en la arrugada piel comenzaron por tomar una transformación extraña en la dulce viejecita, pues ella se estremecía como si fueran caricias rudas que le gustara recibir.
Aun así, se atrevía más y más a segurir preguntándole al Gordolobo por todo cuanto ella veía. Era tan susceptible la pobre viejecita al feroz ataque que le hacían retorcerse entre los fuertes y notables músculos del Gordolobo. El tan solo ruido del vestido desgarrandose, excitaba por demás a la viejecita que no ponía resistencia a los rudos tratos, pues bien le parecían caricias de un principiante por cuantos mordiscos y rasguños recibía.









El efecto de la transformación fue fulminante cuando los colmillos del Gordolobo llegaron a la yugular.

De esta manera, fue como salio del hechizo en el que se encontraba la Reina de Sadolandia, quien por más de ciento ochenta años vago por el mágico mundo de Cuentolandia, vendiendo manzanas, causando solo lastimas. El Hechizo fue concedido por un duelo de poderes entre hechiceras.






Después de regresar casi, casi, a la vida, la Reina soltó una enorme carcajada de alegría. Sentía haber resucitado del más allá. Pensó que jamás saldría del maléfico hechizo del cual estaba poseída. Sus botas, sus medias de red y todo su atuendo estaba listo para usarlo de nuevo. Se quito de encima al Gordolobo y de un sólo salto se puso de pie agitando su fuete, acariciando los cierres de su mascara de látex, volvió hacerle las mismas preguntas a su salvador.









¿Lobito, por qué tienes esas uñas tan largas? ¡Anda lobito, contestame! ¡Dime!




¿Por qué tienes esos dientes tan grandotes?




Pero el Gordolobo Feroz quedo en Shock, sólo paseaban por encima de su cabeza pájaritos cantando. Exausto y cansado se dío por vencido al último intento de poderse comer a la que parecia tan indefenza y no contesto ninguna pregunta más. Solo así se desplomo hacia atrás cayendo sobre el verde pasto de los alrededores del sembradio del gnomo Vicentico.




La reina de Sadolandia saltaba de felicidad, pues anelaba las noches sin final, escuchando su fuete con los azotes y el dulce sabor de las mordazas que hacian las noches eternas de cielos estrellados con o sin luna.




Al lobito, le agradecio con muchos becitos y le prometio un enorme saco de huesos con carroña. Después de eso, se fue saltando en busca del Marqués de Sade, hacía su reino de donde un día salio convertida en una viejecita chilapastroza.
El gnomo mientras tanto, llenaba su carretilla sacando borrachos de su casa aunque pareciera no terminar. Pero alguién tendría que darle una buena explicación.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Vicentico "Sin parar de reir con Ninel" Capítulo XIV.

Mientras que el Feroz Gordolobo intentaba devorarse a la dulce viejecita a las afueras de la casa del gnomo, éste se comportaba como todo un fiel perrito faldero, pues la viejecita le lanzaba cosas para que el se las devolviera. Realmente los dos no sabían lo que pasaría después.


La fiesta había sido todo un éxito. Diana y el Caballero de armadura metálica nunca se imaginaron que sería tan desbordante comenzar la espera del mentado gnomo. Tampoco podían imaginar que en tres días de los que estuvieron allí ocupando la casa. Vicentico tomó sus previsiones, pensó que no podría estar cargando con el arco por todos lados del sembradio o de los lugares a donde él fuera. Y lo guardo dentro de una caja de madera que enterró a los pies de un gran roble cercano al sembradio.







Vicentico que atravesaba valles y montañas de todo cuentolandia no contó que se le acabara la gasolina de la motocross, así que por lo cual llegó caminado aún sin imaginar lo que pasaba en su casa empezó a ver borrachos que balbuceaban de alegría. Siguió caminando hasta el quicio de la puerta donde veía como se retorcía un Caballero de armadura metálica, que no podía contener la risa al igual que otros tantos que se encontraban dentro de la casa. Confundido y aturdido de tanta risa no sabía que hacer. La calma de su habitual sembradio estaba fuera de control.









A señas logró identificar quién era la que provocaba tanta alegría entre los personajes.







Los ojos del gnomo fueron directo al punto de atención. Era Ninel Conde, la que provocaba tanta algarabía, ella, era la reina de los chistes y estaba a punto de establecer un nuevo record por hacer reír a tanta gente en tan pocas palabras sólo bastaba con decir su nombre.




El amable gnomo no podía al igual que todos dejar de prestar atención a la tan chi-chistosa personalidad de Ninel. Después de un rato, el gnomo y Ninel salieron de la casa, al ver que ella era la única que hablaba y no se reía como todos los demás, podría quizá explicarle qué era lo que sucedía. Ninel tampoco supo el porqué del alboroto. Lo que si sabía es que no podía estar cerca de un gnomo que oliera tanto a cebolla. Ella tan solo quería estar de regreso en su país de origen llamado Telerisa. Por un error de los que a ella se le daban tan frecuentemente, Ninel se perdió y fue como llego a Cuentolandia y de allí a la casa del gnomo.





Ninel se dispuso de aventurera mirando al horizonte. Y Vicentico regresaba a su casa con sus adorables cebollas.

lunes, 29 de agosto de 2011

Vicentico "Una vendedora de manzanas" Capítulo XIII.

Mientras la fiesta continuaba, se colaban personajes que entraban y salían y no podían faltar los vendedores ambulantes, que con su pregonar se abrían paso entre la gente de la fiesta.





Woodstock o Lollapalooza eran lo semejante a tan desbordada fiesta.





Al gordolobo feroz la cruda realidad ya lo tenía con dolor de cabeza y mucha hambre y opto por ir a husmear en los rincones de la casa del gnomo, pero no encontró más que puras cebollas. El intento de merendarce a la cazadora fue totalmente un fracaso.





Había vendedores de todo tipo, con sus carritos y otros que se tendian en el piso, vendiendo el llavero, la taza, el poster, la camiseta, la calcomanía, la gorra, la chamarra, la pulsera, los vasos y hasta el termo para la oficina.





El gordolobo feroz se acerco a un par de niños pretendiendo comérselos. Los niños eran un par de regordetes y jugosos gemelos que venían de un país llamado las "MARAVILLAS" estos niños vieron las negras intenciones en los enormes y profundos ojos del feroz gordolobo. Entre el acá y el allá el gordolobo abrió sus fauces para deborace al par de niñitos regordetes que venía persiguiendo desde ya unas cuantas horas. Los niños en sus bolsillos traían unos dulces en forma de goma de mascar.





Cuando sintieron cerca los enormes dientes, sacaron los chiclets motita y se los arrojaron dentro del enorme hocico del gordolobo feroz. Esto sirvió para que los niños salieran corriendo lejos del peligro. La sustancía alucinante dejó fuera de combate y muy psicodelico al feroz gordolobo que cantaba "Buffalo soldier" de Bob Marley con muy buen ritmo jamaiquino. Con el hocico babeante y atiborrado de chiclets motita el gordolobo fue a parar casi a las afueras de la fiesta. Cuando después de muchas horas pudo salir del pscodelico viaje en lo único que él pensaba era comida. Fue así como a lo lejos escucho la voz de una dulce viejecita que vendía manzanas, viendo que se acercaba más y más el gordolobo corrio como pudo moviendo la cola como perro fiel y con una mirada conmovedora a las faldas de la dulce viejecita. Obviamente el gordolobo tenía las mejores intenciones de comerse a la viejecita, un poco de carroña no le caería mal, pues pensaba que sería algo que no implicaría mucho esfuerzo para el feroz y hambriento carnívoro.






viernes, 19 de agosto de 2011

Vicentico "Y la banda toca Rock" Capítulo XII.









La fiesta era ya todo un festival, personajes de toda cuentolandia estaban dentro de la fiesta. No falto quien en un ratito improvisara para tocar al estilo unplugged. Ahí, se encontraba un par de integrantes del grupo Café Tacvba, a estos les encantaba el fandango, pues la banda tocaba rock.






Un colado que no podía faltar era el gordolobo feroz, que se puso a bailar con Diana. Este viejo lobo se pensaba merendar a la cazadora, trataba de cansarla y marearla para su propósito pero el obeso personaje no le aguanto el paso a la diestra cazadora que obviamente ya sabía de las mañas del gordolobo feroz. Diana brindaba con gran alegría, pero el hambriento carnívoro seguía y seguía intentando, así si después de la última botella Diana diera el mal paso directo a sus garras y enormes dientes, sin duda así como habían caído sus otras victimas.
















La Diva de cuentolandia mejor conocida como Rapunzel se digno en bajar de su torre, decidió tirar la polilla y sacudir su abundante melena. Las noches de luna llena eran muy románticas y su sueño de encontrar un apuesto príncipe en la gran pachanga de la casa del gnomo podría ser su oportunidad. El caballero de armadura metálica quedó verdaderamente sorprendido en cuanto entro Rapunzel y no dudo ni un segundo en invitarle a bailar. El baboso caballero se acerco para pedir la mano y llevarla al centro de la pista no podía contener tanta belleza en sus ojos aunque había escuchado ya de ella en algunas ocasiones.




Los invitados de los invitados y amigos cercanos al gnomo visitaron la casa al ver tremenda pachanga no dudaron en invitar a más amigos.


La fiesta llevaba ya tres días y los invitados entraban y salían. Muchos con la buena vibra de estar en la fiesta del gnomo pero muchos notaron que en la casa no se encontraba Vicentico.







A muchos les daba por igual pues sabían que el gnomo aparecería de un momento a otro no tenía otro lugar a donde ir y sabían que su adoración eran las cebollas. No falto quien opinara que había muerto en algún accidente al llevar sus pedidos de cebollas. Y ese era el amigo gruñón.





De antemano se sabía que el gnomo había hurtado el arco de una cazadora de gran valor y que quizás había quedado loco desquiciado o subnormal al cobrar una fortuna después de vender el dichoso arco, pues se decía por ahí muchas cosas sobre el valor de ese artefacto. Sin embargo el amigo gruñón que era quien contaba las infaustas cosas no se movió de la fiesta, aunque lo único que a él le agradaba era refunfuñar y refunfuñar.

Vicentico no se imaginaba de la gran fiesta que habían organizado ese par de personajes y se la pasaba pensando de que manera podría llegar a su adorado sembradio de cebollas.
Eran ya tres días después de aquella gran tormenta en la que los caminos no se podían cruzar rumbo a la casa del gnomo. Muchos de los que intentaban sólo llegaban al borde y desde allí se regresaban con las malas noticias de que nadie podía pasar.










Vicentico iba de un lado a otro del pueblo mientras que la compañía de reconstrucción reparaba los daños a los caminos y puentes.







En un día de suerte encontró a un grupo de aventureros motociclistas que decidieron quedarse para conocer algunas costumbres del pueblo, de todos modos eran aventureros. A el gnomo le brillaron los ojos en cuanto vio las motos. Se dirigió al líder del grupo le contó su enorme tragedia y se ajusto con el precio para poder comprarle una motocross, pues el pago de su entrega de cebollas le dío la chance de hacer la compra.



El plan de Vicentico era rodear cuentolandia, saliendo por detrás del pueblo donde se encontraba. La angustia del gnomo eran sus adoradas cebollas él pensaba que también la lluvia había hecho estragos en el sembradio y que encontraría todo inundado ya hasta podía ver a las pobrecitas cebollas flotando ahogadas y perdidas por todo el campo de cultivo. La verdad era todo lo contrario a las cebollas no les había caído la más mínima gota de agua para riego. La esperanza del gnomo era lo único que lo mantenía de pie.



Vicentico sabía que en cuanto llegara a su humilde campo haría todo lo posible por salvar el sembradio.