Con el pasar de los días, Vicentico empezó con un sentimiento muy especial por quien nunca jamás se hubiera imaginado. El gnomo veía a Diana cuidar de la tierra, sentía que el amor por la cebollas lo podía compartir con alguien y con ojos de cariño se fue enamorando de la Cazadora.viernes, 23 de diciembre de 2011
Vicentico "Como nunca lo imaginó." Capítulo XIX.
Con el pasar de los días, Vicentico empezó con un sentimiento muy especial por quien nunca jamás se hubiera imaginado. El gnomo veía a Diana cuidar de la tierra, sentía que el amor por la cebollas lo podía compartir con alguien y con ojos de cariño se fue enamorando de la Cazadora.miércoles, 16 de noviembre de 2011
Vicentico "No aguanto más" Capítulo XVIII.


El día transcurría y poco a poco el sol era un verdugo que castigaba dejándose sentir en pleno cuentolandia. Lo peor, era estar cerca de Vicentico, pues el aroma era un segundo verdugo. El sudor y el aliento a pleno rayo de sol a eso del medio día, eran para cualquier ser vivo como un campo de concentración nazi.
Los mareos empezaron a reblandecer a Diana que sentía que se desmayaba, pero el entusiasmo por ver restablecido el sembradio para finalmente recuperar su arco eran lo que la mantenían viva.
Por su parte, al Caballero no le iba de igual forma tan bien. Su traje era un baño sauna, aunque había evitado el aroma del gnomo, él estaba que se derretía dentro de su armadura metálica. Recordaba la vez que en la fiesta conoció a Rapunzel y sabía que estaba cerca de por allí para poder uno de esos días ir junto ella.
Para Vicentico era un día de los acostumbrados bajo el rayo del sol sobre el sembradio de sus adorables cebollas. Él estaba entero, como si nada, mientras que el par de sus compañeros pedían un vaso grande de felicidad y poder disfrutarlo a la sombra de un buen árbol. Vicentico jamás imagino que alguien más compartiera un afecto por las cebollas o por el campo.
sábado, 12 de noviembre de 2011
Vicentico "Manos a la obra" Capítulo XVII.


Con los cantos de las aves, el nuevo día pintaba muy bien para comenzar a poner manos a la obra. Vicentico suspiraba la fresca mañana desde lo alto de la colina sujetando su azada favorita, podía ver todo a su alrededor. La sonrisa era preludio de que el campo recuperaría su esplendor para seguir cosechando cebollas y que todo volviera a la normalidad. Con la tregua de paz entre la Cazadora y él.
Para el gnomo no existía amor más grande que el de sus cebollas, el cariño y esmero por recuperar el campo era la máxima alegría de Vicentico sin duda.
viernes, 11 de noviembre de 2011
Vicentico "Trato hecho" Capítulo XVI

Los arbustos se movían como si estuviera algún animal herido escondiéndose para no ser atrapado.

De inmediato y más rápido que un caballo de cuarto de milla, el Caballero de armadura metálica fue corriendo al lado de la Cazadora. No había obstáculo que impidiera por grande que fuera llegar hasta donde se encontraba Diana. Árboles, casas y montañas no se interponían en el camino del Caballero de armadura.
Fue entonces que escucho hablar al Caballero, preguntándole a la mujer de detrás del arbusto si se encontraba bien. Ella contesto que si, pero quería saber porqué estaba allí ese personaje.
De fondo en su cabeza del gnomo retumbaba la canción "Back in Black" del grupo AC-DCSu instinto le decía que la persona semidesnuda era la que una vez paso corriendo sobre el sembradio de cebollas y que era la dueña del dichosos arco. El Caballero tomo la iniciativa para hablar y presentar a cada uno. Mientras Vicentico se desempolvaba y Diana se vestía el Caballero presento a cada uno.
Siendo Testigo y quedando como intermediario, el Caballero de armadura metálica, fue quien vio el trato hecho por Diana, para reconstruir el sembradio de cebollas y a su vez que Vicentico devolviera el arco dorado a su dueña. Se dieron un fuerte apretón de manos quedaron felices y contentos bailando cerca del arroyo todo listo para poner las manos a la obra.
martes, 27 de septiembre de 2011
Vicentico "Para comerte mejor" Capítulo XV.
La paciencia del Gordolobo Feroz llego a su límite, después de adelgazar unos cuantos kilos se decidió por fin atacar a la indefensa viejecita quien se encontraba un poco distraida buscando su canastita de manzanas.Aun así, se atrevía más y más a segurir preguntándole al Gordolobo por todo cuanto ella veía. Era tan susceptible la pobre viejecita al feroz ataque que le hacían retorcerse entre los fuertes y notables músculos del Gordolobo. El tan solo ruido del vestido desgarrandose, excitaba por demás a la viejecita que no ponía resistencia a los rudos tratos, pues bien le parecían caricias de un principiante por cuantos mordiscos y rasguños recibía.

El efecto de la transformación fue fulminante cuando los colmillos del Gordolobo llegaron a la yugular.
De esta manera, fue como salio del hechizo en el que se encontraba la Reina de Sadolandia, quien por más de ciento ochenta años vago por el mágico mundo de Cuentolandia, vendiendo manzanas, causando solo lastimas. El Hechizo fue concedido por un duelo de poderes entre hechiceras.
Después de regresar casi, casi, a la vida, la Reina soltó una enorme carcajada de alegría. Sentía haber resucitado del más allá. Pensó que jamás saldría del maléfico hechizo del cual estaba poseída. Sus botas, sus medias de red y todo su atuendo estaba listo para usarlo de nuevo. Se quito de encima al Gordolobo y de un sólo salto se puso de pie agitando su fuete, acariciando los cierres de su mascara de látex, volvió hacerle las mismas preguntas a su salvador.
¿Lobito, por qué tienes esas uñas tan largas? ¡Anda lobito, contestame! ¡Dime!
¿Por qué tienes esos dientes tan grandotes?
Pero el Gordolobo Feroz quedo en Shock, sólo paseaban por encima de su cabeza pájaritos cantando. Exausto y cansado se dío por vencido al último intento de poderse comer a la que parecia tan indefenza y no contesto ninguna pregunta más. Solo así se desplomo hacia atrás cayendo sobre el verde pasto de los alrededores del sembradio del gnomo Vicentico.
La reina de Sadolandia saltaba de felicidad, pues anelaba las noches sin final, escuchando su fuete con los azotes y el dulce sabor de las mordazas que hacian las noches eternas de cielos estrellados con o sin luna.
Al lobito, le agradecio con muchos becitos y le prometio un enorme saco de huesos con carroña. Después de eso, se fue saltando en busca del Marqués de Sade, hacía su reino de donde un día salio convertida en una viejecita chilapastroza.
El gnomo mientras tanto, llenaba su carretilla sacando borrachos de su casa aunque pareciera no terminar. Pero alguién tendría que darle una buena explicación.





